Las islas de Aran, los últimos pedazos de tierra

Situadas en la hermosa bahía de Galway, las islas Aran (Inis Mór, Inis Meáin e Inis Oírr) son los últimos pedazos de tierra en dirección oeste antes de llegar a América. Las islas siguen conservando muchos aspectos de la vida tradicional irlandesa, fascinando a los miles de visitantes que realizan el viaje cada año.

Las imágenes de las islas se reconocen inmediatamente gracias a su paisaje entrecruzado con muros de piedra, una característica tradicional del oeste de Irlanda. Dicho esto, cada isla tiene su personalidad distintiva y encantos inconfundibles.

Inis Mór es la mayor de las islas («mór» significa «grande» en gaélico), con una población de unas 800 personas. Inis Meáin, que significa «la de en medio», se enorgullece de haberse mantenido bastante tradicional, incluso en estos tiempos tan modernos. Inis Oírr es la isla más pequeña, y la más oriental. Mide menos de 3 km cuadrados, así que se puede recorrer fácilmente a pie y el sendero completo se puede caminar en cuatro horas.

Para llegar a las islas Aran hay que coger un ferry desde Doolin con Doolin Ferries  o desde Rossaveal (Ros a Mhíl), en las afueras de la ciudad de Galway, con Aran Island Ferries. Hay salidas diarias con paradas en las tres islas. Debido al viento, es posible que los barcos no salgan, así que es mejor consultarlo el día anterior.

Y en este punto, no puedo dejar pasar la oportunidad de dedicar unas palabras a Doolin, el pequeño pueblo costero que sirve al turista como puerta de acceso, vía marítima a las Islas de Aran. Su núcleo urbano es pequeño y disperso, a la manera de gran parte de los pueblos asturianos que tan cercanos sentimos. Es un lugar poblado por gentes amables y pacientes que están acostumbradas al tránsito de forasteros por sus calles. Y aunque no son personas que llenen los silencios con grandilocuentes discursos, son de ese tipo de criaturas que te mira a los ojos para hacer patente su interés por lo que le estás contando, algo que sin duda en estos tiempos que vivimos adquiere un valor incalculable.